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LIEBRE.

Ni nuestra “rabona” ni los pequeños “lebratos” pueden confundirse con el conejo de monte.
En España se diferencian dos tipos de liebre. Al norte del Ebro encontramos la europea y al sur la llamada liebre española (L. granatensis), mas pequeña, más larga de patas y muy veloz, por lo que se le llama “matacán”; es la que puebla, toda la zona de la meseta central de la península. Sin embargo, cada región tiene sus cepas locales, más o menos adaptadas al medio ambiente específico. Las “liebres de montaña” tienen el pelaje más sombreado que sus homólogas de llanura. La parte baja del cuerpo y de la cola son blancos, rojizo amarillento en los flancos y lomo piqueteado de pelos negros. Largas orejas (Pueden llegar hasta el hocico) ribeteadas de negro en las puntas. La marcha característica de la liebre, ya sea al trote o la carrera, se debe al particular desarrollo de sus patas posteriores. Puede pesar en 3 y 5 kgr. como máximo, con un largo de 60 a 80 cm.. La de alta montaña, pre-Pirineo y Pirineo puede sobrepasar estas medidas.

Regimen alimentario | Comportamiento | Distribución | Caza |  
   
Regimen alimentario

La liebre, herbívora, es muy ecléctica al escoger su menú, que varía según las estaciones y los recursos que le ofrece el medio ambiente. Sus largos desplazamientos nocturnos la llevan a consumir los brotes de gramíneas o leguminosas, hojas y granos de cereales, tubérculos, yemas y frutos, coles o zanahorias. En invierno se puede nutrir de hojas espinosas, escaramujo, y puede hacer daño descortezando jóvenes árboles frutales o ramoneando pimpollos, de pequeñas coníferas. Como el conejo, puede reingerir sus excrementos, pequeñas bolas blandas y húmedas, ricas en vitaminas, aminoácidos y bacterias, que le son indispensables.

Comportamiento

La liebre, en contraste con el conejo, es muy individualista. Exceptuando en el periodo de reproducción, vive solitaria y en un terreno bien definido. De costumbres nocturnas o crepusculares, conoce dos fases de actividad, por la mañana, antes del alba y al caer la noche. Puede efectuar largos circuitos, en busca, aquí y allá, en busca de su alimento. Es este comportamiento errabundo el que se expone a colisionar con vehículos. Al amanecer regresa a su encame, una excavación muy rudimentaria acondicionada a tal fin. Ocupa varias camas, en un mismo territorio según la estación, las condiciones atmosféricas o la evolución de la cobertura vegetal. El animal tiene preferencia por los mismos encames y las mismas rutas de huida, que son invariables de un año a otro y de generación en generación. Esto explica los éxitos de los viejos cazadores de liebres que se conocen al dedillo los cazaderos. Al principiar la caza, con tiempo calido y seco, nuestra “rabona” busca el fresco en la alfalfa, trébol, maíz o remolacha. También se la encuentra en monte cubierto y en la proximidad de cursos de agua. Al llegar el mal tiempo regresa a los eriales y labrantíos, que frecuenta igualmente con las heladas. Aprecia mucho el matorral espeso, las pequeñas zarzas, los taludes con vegetación y, en praderas humedad se camufla entre los juncos. En el bosque la podemos encontrar al pie de un roble o en arbusto espinoso. Procura estar próxima a las lindes de senderos o caminos, a fin de prevenir el peligro. Son muchas las veces en que la liebre confía más en su mimetismo que en sus posibilidades de fuga para eludir el peligro. Es por esto que, a veces, salta de entre las piernas del cazador, esperando el último instante para iniciar la huida. También es verdad que una liebre alertada puede escapar al menor ruido. Si se ve a forzada a huir en terreno descubierto, sale recta buscando refugio en algún cultivo cercano. En el bosque procura ganar el llano donde, después de efectuar un largo recorrido, regresará al punto de partida, para burlar la sagacidad de los perros. Sus ojos, situados muy lateralmente en el cráneo, le proporcionan una visión defectuosa, aunque le permiten percibir cualquier movimiento anormal, pues su oído y su olfato están muy desarrollados.

 

Distribución

La Lepus europaneus se encuentra en la mayor parte de Europa, incluida Irlanda, donde ha sido introducida. En los países nórdicos está reemplazada por la liebre variable o alpina (también se encuentra en los Alpes), Lepus timidus, que en verano es parecida en pelaje a la nuestra, pero en invierno es completamente blanca, conservando sólo negras las puntas de la orejas.      

 

Caza

Al salto.

 

Esta forma de cazar está considerada con un menosprecio, mal disimulado, por los cazadores con perros de rastro y acoso, que lo juzgan poco digno y algo furtivo.

 

Se la caza explorando minuciosamente el terreno, observando la dirección del aire, especialmente a finales de temporada, ya que de lo contrario el animal saltará, fuera de tiro. La progresión se va efectuando. La progresión se va efectuando en zigzag, batiendo todo y haciendo algunas paradas irregulares, durante las cuales no es raro que la liebre, creyéndose descubierta, salte y emprenda la fuga.

 

Al empezar el día, cuando el rocío haya mojado su escondite o hayan caído lluvias, ella estará encamada en algún rastrojo, entre dos surcos del cultivo, al pie de un seto, en un talud o en un bosquecillo.

 

En el transcurso de bellos días soleados, que marcan el principio de la temporada de caza, la liebre busca el frescor de su cama en un alfalfar, en un campo de remolachas, o se la puede encontrar en el prado, al raso, en la que ella sabe camuflarse muy bien.

 

Esta búsqueda puede llevarse a cabo con, o sin, perro de muestra. Este rendirá muy buenos servicios para detectar la liebre que se obstina en no saltar, que en terreno embrozado aguanta muy bien la muestra, al revés de cuando está encamada en el sotobosque, sobre un tapiz de hojas muertas y al descubierto. Los perros buenos restan quietos en el instante del salto. El tiro no es considerado difícil, pero muchas liebres se fallan por exceso de precipitación. Es aconsejable dejar alargar al animal una veintena de metros, disparándoles en plena carrera, recta, y apuntando a las puntas de las orejas.

Es frecuentemente apreciar mal la velocidad del animal que arranca ya a 30 km. por h. y acelera rápidamente. Esto explica que muchas veces el plomeo impacte detrás la pieza. Hay un refrán que reza: culo de liebre, culo de plomo. Es fácil que una liebre mortalmente alcanzada, continúe corriendo sin dificultad aparente.

 

En cazadero llano hay que procurar observar su ruta e intentar aproximarse si pierde velocidad o intenta pararse. En el bosque y acompañado por un perro indisciplinado se tiene, a veces, la sorpresa de verle regresar, después de una carrera desenfrenada, trayendo gallardamente la liebre en su boca.

 

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