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AGACHADIZA COMÚN.

Presenta numerosas similitudes morfológicas con la becada; está dotada de un pico largo y puntiagudo, que mide 6 o 7 cm; los ojos, emplazados en posición muy lateral, confieren al pájaro un amplio campo de visión; la patas, cortas; el plumaje, muy mimético, es moreno sombreado en la espalda con muchas rayas amarillas; un trazo amarillo marca la mitad del cráneo; los borde externos de la cola están marcados de blanco. La becacina es fácilmente identificable por su vuelo zigzagueante, acompañado de un grito áspero y sonoro. Su longitud oscila entre 25 y 27 cm, con una envergadura de 44 a 47 cm y un peso de 100 a 120 g.

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Hábitat

La elección del biotopo está estrechamente ligada con las exigencias alimentarias de la becacina, que debe poder buscar cómodamente en el suelo distintos invertebrados. La tierra será, pues, fácil y húmeda. Una altura de agua superior a los 6 cm. Impide al pájaro alimentarse. Le gusta sentirse segura, vigilando los aledaños. La cobertura vegetal debe ser baja, aunque suficiente para camuflar su presencia. Buenos cazaderos, frecuentados por agachadizas, pueden quedar anulados por las nieves, hielos intensos o sequías. En estos casos la becacina busca los ribazos de los cursos de agua. El biotopo de nidificación es sensiblemente diferente por razones de seguridad. Con el fin de que los polluelos pasen desapercibidos a ojos de los predadores, instala el nido en las marismas bajas, en curso de repoblación forestal, o en la proximidad de zarzales y matorral, al cobijo de las ramas bajas de álamos y sauces.

 

La agachadiza común está presente en todas las marismas de Europa.

 

Régimen alimentario

La mayor actividad nutritiva tiene lugar a primera y última hora de la jornada, pudiendo prolongarse parte de la noche; descansa durante el día, salvo pequeños desplazamientos. El pájaro prospecta minuciosamente las tierras húmedas, avanzando lentamente por el lodo y las aguas poco profundas, con el pico dirigido al suelo, que va sondeando.

 

Pequeños agujeros abundantes y juntos, en el cieno, son un indicio de esta actividad. El pico está hundido por completo en la tierra, y la cabeza puede estar sumergida en el agua si el nivel es un poco elevado. La becacina detecta la presencia de presas gracias a unos corpúsculos de Herbst, situados, como en la becada, en el extremo de las mandíbulas. La base de su alimentación son los invertebrados, tales como gusanos, sanguijuelas, pequeños moluscos, larvas, crustáceos de agua dulce. En tiempo de heladas busca los campos recién labrados, donde pueden juntarse grandes bandos en busca de lombrices. También consume granos de junqueras, de ciperáceas y restos vegetales. 

 

 

 

 

Reproducción

La denominación latina de Capella (capella gallinago gallinago) significa “pequeña cabra”. Esto se debe a una conducta particular, observada en el trascurso de las paradas nupciales. El macho sobrevuela entonces su territorio de nidificación, a una altura aproximada de unos 50 m., efectuando círculos de unos 150-200 m. de diámetro. De repente, se lanza hacia abajo a una velocidad que puede alcanzar los 100 km/h., en una trayectoria oblicua de unos 45 grados. La fricción del aire al contacto con las rectrices externas, ampliamente separadas, produce una especie de balido característico, que le ha valido a la agachadiza el mote de “cabra de las marismas”.

 

La intensidad de este balido aumenta con la velocidad de la caída. Después, el pájaro remonta, repitiendo la operación varias veces. Este comportamiento es un índice específico de nidificación puesto que también se ha podido observar, esporádicamente a lo largo del año. Las hembras también efectúan este tipo de vuelo, pero más raramente. Esta conducta se puede ver con mayor frecuencia a partir de marzo, hasta julio.

 

La hembra ya cubierta, prepara su nido en tierra, disimulado entre hierbas o bajo un arbusto. Forma una pequeña cavidad con hojas secas, con una profundidad de 3 a 5 cm. Cuatro huevos de color verdoso son allí depositados, la incubación dura de 19 a 21 días. Los polluelos vuelan a las 5 semanas aproximadamente. En los primeros días de existencia está expuestos a muchos peligros, y su mejor defensa es permanecer inmóviles; pueden pasar desapercibidos gracias a su plumaje mimético.

 

Amenazas

La agachadiza común o becacina sufre sobre todo las agresiones que se hacen contra su hábitat natural. El saneamiento y drenaje de marismas y pantanos, para una explotación agrícola intensiva y el secado de praderas húmedas en áreas de cultivos van reduciendo la capacidad de acogida en los países.

 

Las condiciones climáticas: los fríos muy rigurosos suponen la muerte de numerosos pájaros, sorprendidos por los hielos en el transcurso de sus desplazamientos migratorios hacia sus cuarteles de invierno. Las primaveras lluviosas son nefastas para los polluelos, ya que los terrenos con exceso de agua ponen fuera del alcance los gusanos a los pájaros jóvenes.

 

La excesiva presión cinegética que sufren en sus áreas de invernada, especialmente en el sur de Irlanda y Marruecos.

 

Los depredadores como la corneja negra, el aguilucho lagunero y otras falcónidas, el zorro y la comadreja. Se estima que de cada 4 polluelos solo 2 llegan a la edad adulta.

 

 

Caza

La agachadiza o becacina, al igual que la becada, tiene fervientes adeptos que le rinden culto único. Suscitan un interés tal que son muchos los cazadores que cada año efectúan largos desplazamientos para saciar esta pasión devoradora. Es una caza excepcional. La belleza de esta limícola, verdadera becada en miniatura, su rareza, la dificultad de aproximarse a ella en magníficos parajes, el trabajo formidable del perro, hacen que la caza de la agachadiza sea, a los ojos de muchos cazadores, la reina de las cazas.

Caza al salto

Practicada en solitario o con un compañero, equipados ambos con botas de agua, praderas húmedas, riberas de estanques. Se trata de una caza muy deportiva que exige buenas condiciones físicas.

 

Todos los cazadores que la han practicado conocen las largas caminatas, durante horas, por marismas y arrozales, terrenos blandos y resbaladizos, agotadores en definitiva; pero ir recogiendo pájaros, aun al precio de muchos esfuerzos, es una maravillosa recompensa.

 

El “becacinero” debe conocer los cazaderos que, por diversas razones, como la hora del día, la estación o las condiciones atmosféricas, sean más convenientes.

 

Tiro

Considerado uno de los más difíciles, a veces incluso acrobático, por lo resbaladizo y blando de los terrenos donde se caza. Aquí también se enfrentan varias escuelas.

 

Algunos cazadores prefieren esperar con tranquilidad a que el pájaro efectúe sus primeros virajes antes de tirar, es decir, después de un rápido zigzag. Esta modalidad es muy arriesgada, más si se tiene en cuenta que la distancia media de vuelo es de 30 m. Esperar algunos instantes significa soltar el disparo fuera del alcance. Parece más razonable adoptar la táctica aconsejada por los verdaderos cazadores de becacina, que consiste, por el contrario en tirar lo más rápido posible, a tenazón. Esto supone unos reflejos excelentes, una escopeta con la culata bien adaptada a la morfología del tirador, correctamente equilibrada y, sobre todo, ligera para encararla al instante. Los adeptos a este sistema consideran que este tiro es instintivo, que exige un hábito arraigado, permite impactar al pájaro en los primeros metros de vuelo, antes de poder iniciar sus fulgurantes virages.

 

Los plomos más usados son los de los números 8 y 9. A finales de la temporada o en batida, con tiros a larga distancia, ciertos cazadores utilizan el 6.

Caza a la espera

Se practica a la pasa, cuando las becacinas se dirigen a las zonas de pasto. Algunos cazadores llegan a tirar imitando su grito y atrayéndolas a su puesto. Este tiro es un desafío a los reflejos humanos. Efectivamente, el pájaro cae como una piedra, para remontar veloz, en vertical, si el primer disparo ha sido fallado.

 

 

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