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PODENCO

Es el perro de caza, único y especial, para los montes peninsulares. Generalmente no es perro de raza. Dícese que es originario de las Baleares, producto del lebrel y del perro pastor, pasando por muchos cruces que le han dado una gran variedad, pero lo cierto es que siempre los hubo en Extremadura y aun en las sierras bajas andaluzas, como también se sabe su empleo en las rehalas es antiquísimo, ya que, desde tiempos remotos, lo podencos siempre fueron de ellas el núcleo principal. Reúne las mejores cualidades de sus primeros padres y es el can que mejor mantiene el genuino tipo, siendo quizás el único perro que en los cruces sale dominante y vuelve a él si se le sigue cruzando, manifestándose excelente por la rapidez de su carrera, resistencia en el trabajo, agilidad, destreza, osadía, finura de olfato y clara inteligencia. Su sagacidad es verdaderamente prodigiosa. Además, es obediente y noble y leal a su dueño.

El podenco mediano. Con los de talla mediana, los de talla grande son propios para caza mayor, se suelen formar rehalillas para cazar conejos, para los cual son los perros más a propósito en monte afable.

De este tipo los hay excelente para cazar en mano, no sólo conejos y liebres, sino también perdices; si se les adiestra bien, excelentes en la caza de la codorniz, y algunos tienen la muestra tan firme y sostenida como pueda tenerla el mejor pachón, aparte de que es asombrosa la seguridad con que sigue el rastro de una pieza herida, tanto si se trata de un lepórido como de una res montera.

Para la caza en mano en espesuras no hay otro que le iguale. Es digno de verse cómo bota el monte y cómo con sus brincos divisa la pieza huida y advierte con sus ladridos al cazador para que se prepare, lanzándose luego tras ella para atraparla a la carrera, modo éste de cazar alegre y divertido y de seguro resultado, sobre todo si se lleva un buen quitador. Conejos ha habido que, por la manera de cazar de este podenco, entraron hasta tres veces a la escopeta.

Los podencos y otros perros de carrera, galgos, perdigueros, zarceros… , no sólo levantan conejo, sino que lo persiguen, ayudándose con la vista más que con el olfato, hasta darle alcance o bien hasta que el cazador dispara.

Y es que, en esencia, el podenco es un perro conejero. Caza los conejos mejor en monte espeso que claro. Suele alejarse cazando, lo que da a lugar a que, en muchos momentos, el cazador pierda de vista a su perro. A veces ocurre que en uno de tales momentos el can llega a un espeso matojo, y, si es perro maestro, sabe que allí hay un conejo. Y como también sabe que el cazador se encuentra lejos, lo llama latiendo de parada. Es un modo de latir brusco, agudo y corto, distinto al que usan los podencos cuando van tras un conejo que huye delante de ellos y a la vista; es como una llamada que dirige al cazador, por lo que aquél que lo comprende acude prontamente, procurando hacer el menor ruido. En tanto llega, el perro da vueltas en torno a la mata, amenazando al conejo por distintos sitios, a fin de amedrentarle e impedir que se levante. Llega el cazador presto a tirar, situándose frente al sitio donde hay probabilidades de que pueda salir el lepórido. Apenas le ve el can, se pasa al lado contrario de donde se situó el cazador, y después de ladrarle al conejo y menear mucho el rabo, entra de repente en la mata y o lo coge, o se lo mete al cazador en los mismo pies. Este se revuelve con rapidez, deja que el conejo se aleje más o menos, según lo permita el terreno, y le tira a tenazón., incluso a veces sin siquiera verlo, ya que el can le ha indicado donde se encuentra la pieza. Como una bala entra el perro en el lugar del tiro. De estar el conejo muerto, lo cobra y lo trae levantando la cabeza, con cierta orgullosa satisfacción. De no estar muerto, pero llevando plomo, cosa frecuente, lo sigue como una centella, hasta cobrarlo; y si está vivo y huye como alma que se lleva el diablo, lo sigue por el rastro hasta encontrarlo, y lo acosa sin descanso hasta que el angustiado conejo encuentra una boca en que refugiarse. De no encontrarla, y cuando, dando regates o volviéndose atrás, procura liberarse del can, éste se pasa de él y le obliga a ir otra vez al lugar donde estuvo antes, en el que un cazador experto, con conocimiento de causa, lo estará esperando sin haberse movido. Y aun cunado le entre gazapeando lo matará.

Así es como caza este podenco.

Variedades de este gran perro cazador son el mallorquín, el portugués, el gallego y el canario, así como el llamado podenquillo, de menudo tamaño.

 
   
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